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70 años de Vaclav Havel:
Civismo, lenguaje y
mentira
70 años de Vaclav
Havel: Civismo, lenguaje y mentira.
Vaclav Havel, ex presidente checo y destacado disidente de la época del
comunismo, ha cumplido setenta años. Es todo un ejemplo de intelectual
comprometido con la verdad, alguien que denuncia las trampas del
lenguaje propias de la sociedad comunista y de la posmoderna. Antonio
Rubio Plo.
El 70º aniversario de Vaclav Havel
(Praga, 5 de octubre de 1936) ha estado marcado, entre otros
acontecimientos, por la representación de su obra teatral completa en
Nueva York. Es un reconocimiento americano a otra de las “conciencias de
Europa”, diecisiete años después de la revolución de terciopelo, ejemplo
del triunfo de un auténtico civismo de innegable sello europeo. En la
visión de Havel, el civismo no tiene el mismo significado que tendría
para Robespierre o Lenin. Civismo son valores y no la sumisión
incondicional al poder establecido, por mucho que éste presuma de
virtuoso. Civismo es valentía ante las injusticias también en aquellos
sistemas que presumen de modélicos; es amor a la verdad en el reino del
relativismo; es libertad de las conciencias que no se satisface con
migajas externas; es lucha para no acallar la voz de la conciencia que
exige responsabilidad en la vida pública... En resumen, el civismo
haveliano, presente en la histórica Carta 77, es una ética caracterizada
por el amor al bien. Todo un programa válido para las sociedades
comunistas y poscomunistas, modernas y posmodernas.
En las obras teatrales de Havel emerge con fuerza su concepto de
civismo, capaz de enfrentarse al miedo y la inacción, sensaciones
experimentadas por Leopold Kopriva, el protagonista de Largo desolato
(1984). Kopriva es un profesor de filosofía, que bebe, se atiborra de
medicamentos y se encierra en su casa, temeroso de que la policía pueda
un día ir a buscarle. Al final, las autoridades le ofrecen dejarle en
“paz” si reconoce públicamente que su libro, molesto para el régimen, no
ha sido escrito por él sino por otra persona utilizando su nombre. La
alternativa es diabólica –después de todo, el diablo es casi una
tradición en Praga-, pues supone privar a Kopriva de su propia
identidad. Pero es un personaje muy auténtico al estar marcado por la
ambigüedad: ese profesor es a la vez héroe y cobarde. Quizás tenga algo
un rasgo en común con personajes de la historia checa como Benes, el
presidente checo representante de toda una tradición liberal
centroeuropea, pero al mismo tiempo el hombre que tuvo aceptar el
compromiso de Munich y el que ratificó, después de la guerra, el decreto
de expulsión de los alemanes de los Sudetes.
Havel nunca pone en duda las buenas intenciones de todos sus personajes.
Las tiene Kopriva, aunque sirven para subrayar su falta de carácter.
Parecen tenerla los dos funcionarios del régimen que le visitan: son
correctos y nada agresivos. De hecho, están persuadidos de que
contribuyen al bienestar de su país. Mas la gran paradoja de las buenas
intenciones, si sólo se quedan en sentimientos, es que incluso pueden
llegar a empeorar las cosas. En Largo desolato, la cobardía y la razón
de Estado se dan la mano aunque se disfracen de sentido del deber,
responsabilidad, paz, justicia... En el fondo todo se explica por la
manipulación del lenguaje, denunciado por Havel en 1989 en su discurso
de aceptación del premio de la paz de los libreros alemanes. Esta misma
denuncia la reiteraría, siendo presidente checo, en la Universidad
Internacional de Florida ante una nutrida audiencia del exilio cubano en
septiembre de 2002. Señaló que no se puede abandonar una reflexión libre
y culta para reemplazarla por un puñado de gastadas consignas utópicas:
este camino no nos llevará a un mundo mejor. Havel ha insistido –y sigue
insistiendo- en que “el rey está desnudo”. Lo más cómodo sería aceptar
el lenguaje de la mentira, creer en él o intentar adaptarse a él. La
conciencia ha de rebelarse contra esa violencia verbal y moral, que
inexorablemente irá acompañada de alguna violencia física.
Al igual que Agustín de Hipona, Havel podría haber titulado alguno de
sus escritos: “Contra los maniqueos”. No cabía secta más purista y más
autoconvencida de estar en posesión de la verdad. En tales casos, los
adversarios del maniqueísmo se encuentran con una dificultad añadida: se
quiere despertar en ellos una especie de mala conciencia porque estarían
enfrentándose al “partido del bien”. Es un fruto de la manipulación del
lenguaje, pero mientras haya hombres como Havel, no se podrá considerar
a la esclavitud como “una forma superior de libertad”.
Antonio R. Rubio Plo
historiador y analista de relaciones internacionales
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