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Slavoj Zizek:
Cultura popular, ateísmo
y leninismo
Otro
representante del laicismo de hoy: un filósofo esloveno, posmoderno y
deliberadamente contradictorio, admirador de la cultura popular
americana, del psicoanálisis y del Lenin revolucionario.
Antonio
Rubio Plo.
En una antología de pensadores del laicismo actual no podría faltar el
filósofo esloveno Slavoj Zizek, quizás más conocido en las universidades
norteamericanas que en las europeas, aunque su formación es sobre todo
euro-occidental: se empapó de marxismo-leninismo, como cualquier
comunista de la época de Tito, pero nunca fue un comunista ortodoxo,
pues añadiría a las teorías anticapitalistas una fuerte dosis de
psicoanálisis, adquirida en el París de Lacan, sin olvidar un denso
componente hegeliano, pues es uno de los raros filósofos posmodernos que
reivindica el papel de la Historia. Mas Zizek no estaría completo sin
otros elementos de la cultura popular norteamericana: los films de
Hitchcock, las novelas de Patricia Highsmith, las citas de Groucho Marx,
Matrix... En realidad, la lista sería mucho más larga y casi
inagotable, pues tampoco se reduciría al cine estadounidense. La
versatilidad de Zizek sería capaz de relacionar las novelas de Henry
James con Star Trek, o de hacer un ensayo conjunto sobre Paul
Claudel y George Orwell, escritores a los que alguna vez ha elogiado. No
es extraño, por tanto, que Zizek haya sido tachado de contradictorio,
una imagen que él mismo gusta de cultivar, pues no soporta que lo
encasillen. Su gusto por la paradoja no es, sin embargo, algo trabajado
y meditado, al estilo de Chesterton. Antes bien, a veces da la impresión
de ser un espadachín siempre en guardia o un mago que saca de su
sombrero los objetos más dispares.
A un polemista como Zizek no le importa hacer profesión de fe en un
ateísmo combatiente. Ha afirmado que san Pablo fue el primer leninista,
algo así como el verdadero fundador del “partido cristiano”, ha
reconocido el mérito del cristianismo por haberse opuesto a la noción
pagana de destino, pero siempre ha terminado por arremeter contra la
institución eclesiástica. De hecho, el filósofo no se ha privado de
decir que las iglesias deberían ser reconvertidas en silos de cereales o
casas de la cultura, como en los tiempos estalinistas y maoístas; y ha
sugerido que el legado más preciado de Europa es el ateísmo, pues es de
los que ven en filósofos como Lucrecio, Spinoza o Hume ejemplos de una
elevada moralidad que sólo es explicable desde sus respectivos ateísmos
De aquí se podría deducir una cierta oposición entre ética y religión,
que Zizek elevó a la categoría de dogma tras los sucesos del 11-S. Le
dio a la vuelta a la conocida cita de Dostoievski en Los hermanos
Karamazov, “Si Dios no existe, todo está permitido”. Según Zizek,
precisamente porque Dios existe, atrocidades como las de Nueva York son
posibles. Esto responde a una serie de criterios, muy repetidos ahora en
nuestras sociedades occidentales: hay un terrorismo de origen religioso;
el conflicto de Oriente Medio es una lucha entre religiones; Europa fue
barrida en los siglos XVI y XVII por las guerras de religión.. Se llega
así a una conclusión, que empieza a hacerse moneda común: la religión es
fuente de guerra y de discordia. Hay que relegarla del espacio público
para que... podamos vivir en paz. Es una vieja idea volteriana, pero
podría servir hasta para justificar una persecución religiosa. ¡Y todo
por empeñarse en ignorar que en muchos casos lo religioso es tan sólo
una cobertura de lo político! Incluso Zizek ha reconocido que las
mayores atrocidades del siglo XX han sido obra del estalinismo, una
ideología atea sin duda, pero el filósofo considera que a aquellos
gobernantes todo les estaba permitido porque se consideraban dioses.
Pero Zizek abandona su vertiente sarcástica cuando se trata de hablar de
Lenin. No tiene nostalgia de los partidos leninistas, pero sí del audaz
líder bolchevique que se hace con el poder en Rusia en 1917. Para él es
un representante de la “política de la verdad”, alguien indispensable en
la lucha anticapitalista en el tiempo de la globalización. No es
exagerado afirmar que para Zizek, Lenin es la verdad hecha partido,
aunque es poco creíble imaginar que ni por asomo él aceptara someterse a
la estructura burocrática forjada por una revolución leninista. Es
alguien capaz de entusiasmarse con el acto violento que se presenta como
liberador, mas está destinado a ser un crítico de la situación del día
siguiente. Después de todo, Zizek, uno de los fundadores del partido
liberal esloveno, es de los que creen como un dogma en la libertad de
elegir. Su alergia hacia el autoritarismo le hará percibir tendencias
autoritarias hasta en el anarquismo.
Antonio R. Rubio Plo
Historiador y analista de relaciones
internacionales
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