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Cianuro por compasión


Hay que tener mucho aplomo para darle cianuro a un amigo, por muy
disuelto en agua que esté el veneno, o por muy diluido en sentimientos
aparentemente sinceros que se produzca el hecho. ¿Desde cuándo matar a
alguien es un acto de amor? Aunque el amigo se encuentre en una
situación extrema, como era el caso, y fuera el mismo amigo quien le
fuera diciendo, paso a paso, las indicaciones suicidas para ello.
"Después de que yo beba no me des un beso en los labios", concluyó
previsor. En fin, esto es lo que dice que hizo Ramona Maneiro con Ramón
Sampedro, su amigo, que en paz descanse, mientras filmaba en vídeo sus
últimos momentos, para llevar por el mundo la mala nueva del homicidio
por compasión. Lo ha contado en el programa televisivo de Ana Rosa
Quintana. En la pantalla, un rótulo me ha parecido casi lo más triste de
todo: "Exclusiva". ¿Qué nos está pasando? ¿Desde cuándo un
sentimentalismo equívoco está por encima de la vida como valor supremo?
Una confusión atroz preside nuestros actos, en un aquelarre relativista
de intereses políticos inconfesables que deforman las conciencias hasta
el extremo de defender el asesinato –aborto o eutanasia– como un gesto
de caridad solidaria. ¡Coño! Y de fondo, ya digo, ese morbo lacrimoso,
ese espectáculo mediático-forense que iba diseccionando con mimo el
repelús de un acto indigno, contra natura.
Cada persona tiene al menos un don, algo que la perfecciona, distingue y
dignifica. A sus familiares y amigos nos toca descubrirlo, con cariño,
con amistad profunda. Y si el dolor hace mella en esa persona, todavía
será mayor mi cariño, mi dedicación, procurando que descubra en el
sufrimiento la fisura sobrenatural de la alegría. Pero lo que no puede
ser es que lleguemos al absurdo de creer blanco lo que es negro. El
asesinato no es un don precisamente, ni dignifica, distingue o
perfecciona. Todo lo contrario. Es un baldón, una desgracia infinita. Y
llegado a este punto de la escritura confieso que me he quedado
pensativo un buen rato, tentándome las palabras, que es como decir el
alma. La vida nunca ha sido fácil para nadie. Siento que muchos miedos
zarandean al hombre contemporáneo. Sobre todo el miedo a la muerte, a
desaparecer, a no dejar ni rastro. Y el miedo a sufrir. Sin esperanza,
sin Dios.
Mientras escuchaba a Ramona –los devaneos de la memoria son
inescrutables– me ha venido a la mente aquella entrevista de Jesús
Hermida al psiquiatra y escritor Juan Antonio Vallejo-Nágera, poco días
antes de que éste muriera a causa de un cáncer de páncreas. Recuerdo
como si fuera ahora su serenidad, su optimismo, y la desolación de
Hermida, y la de aquellos que estábamos frente al televisor. ¡Menudo
guión cinematográfico sería el de su libro póstumo La puerta de la
esperanza!
Guillermo Urbizu
guilleurbizu@hotmail.com
Publicado en El Semanal Digital el
12 de
enero de 2005
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