Escribiendo en cristiano

14 febrero 2005

 

 

De amore

 

 

Acabo de leer –releer más bien– una preciosa y particular antología, de temática amorosa, que la editorial Lumen espigó en su día entre los versos de algunos de aquellos poetas que ha tenido a bien publicar. Vocación editorial que nunca será lo suficientemente alabada y agradecida por nosotros, los lectores. Aquí están el Manuel Machado de Cante hondo: "Mi pena es muy mala, / porque es una pena que yo no quisiera / que se me quitara". El imprescindible Pedro Salinas de Razón de amor: "¿Serás, amor, / un largo adiós que no se acaba?". O el Pablo Neruda más popular de Veinte poemas de amor y una canción desesperada: "Me gustas cuando callas porque estás como ausente, / y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca." Pero también está la argentina voz de Olga Orozco, y el desgarro de Gabriel Ferrater, y el brío de Carlos Barral, y esa extrema melancolía que destila la obra de José Agustín Goytisolo, y "la hermosa historia / de casi amor" de Jaime Gil de Biedma. Y Alejandra Pizarnik, y Luis Izquierdo, y Cristina Peri Rossi, y la siempre novísima Ana María Moix, y el descubrimiento que supone la poesía de Javier Velaza o Albert Balasch. El primero escribirá en su libro Los arrancados: "Y si nada nos libra de la muerte, / al menos que el amor nos salve de la vida".

 

Todos tenemos la certidumbre de que el amor, antes o después, nos atrapa, nos cautiva. Cuando eso sucede las cosas toman una dimensión distinta, menos distante, una trascendencia que transforma el cansancio en alegría, el dolor en sonrisa, en caricia el poema. ¡Qué difícil y extraño es expresar en fríos signos de tinta un lenguaje donde la ternura o el desamor nos desnudan por entero la existencia! La poesía cifra en las palabras lo imposible de un sentimiento que va mucho más allá del capricho. Cada poema –estos poemas– es amor, no sólo literatura. Y el amor es labor callada, no necesita en su expresión de muchas palabras. Su verdadero cauce es el silencio, por él discurre y se desborda. Las palabras se irán como se nos va la vida, tan callando. Permanecerá lo que ahora pasa más oculto, lo que muchos quizá desprecian: el dolor del alma que sufre, el encendido piropo del corazón amante, la pobreza del que nada tiene excepto su vida. Una vida que sin embargo necesita respirar, de cuando en cuando, la cadencia de una belleza estremecida. Aunque el afán más puro del poeta siempre sea cantar desnudo de palabras. Y el lector lo sabe, y siente la emoción y el sentido de una verdad que le resguarda de la muerte.

 

Guillermo Urbizu

guilleurbizu@hotmail.com

Publicado en El Semanal Digital el 5 de febrero 2005

 

 

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