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Libertad de enseñanza
Pues es así, como se lo digo, en España no existe libertad de enseñanza.
Y tal vez sea éste nuestro mayor problema. La llamada izquierda
progresista, solidaria y panfletaria, parece tenerle miedo a una
verdadera libertad, en la que cada uno pueda elegir dentro de una
igualdad de oportunidades. Si la hubiera no tendríamos que andar
escogiendo colegio por estrambóticas zonas o por economía. Llevaríamos a
nuestros hijos al colegio o instituto que nos diera la real gana. Y
punto. Ayer fue la concertación –arma de doble filo–, hoy es la
religión. ¿Y mañana? Es una auténtica obsesión por inmiscuirse en la
vida privada de la gente, tratándonos a los padres como verdaderos
menores de edad, en una sociedad supuestamente adulta. Que ya no estamos
en la primera infancia de nuestra democracia. Digo. En la asignatura de
"libertad" el suspenso lo estamos ganando a pulso. Dentro del orden que
establecen los derechos humanos y las leyes, todo ideario vale, y el
Estado debería velar por esa libertad de opción y no tutelarla a su
antojo y capricho, por conveniencias ideológicas o por trajín sectario.
El escándalo me parece mayúsculo, y los que salimos perdiendo somos
todos. Con esta política educativa radical y laicista podemos acabar
instalados de nuevo en pleno siglo XIX, universidad incluida (no hay más
que ver los claustros).
Que la religión deje de ser una asignatura es una aberración cultural y
otra prueba de esta carencia de libertad, porque entre otras cosas no se
trata de una asignatura más. Es una asignatura que marca. Señal evidente
de ello es el esfuerzo y el tiempo que dedican algunos a estorbarla, a
desprestigiarla, a difamarla, a vaciarla de todo contenido académico,
ético o social. La táctica me parece clara. Les interesan votantes que
vivan en la afasia intelectual y en la inopia espiritual. Y el asunto
comienza desde la infancia. Quieren formar ciudadanos amorales,
permisivos, sin una gran capacidad crítica. La mediocritas como
fundamento. ¿Que exagero? Miren y escuchen a su alrededor. La mayoría de
las personas hablan al dictado de los medios de comunicación, sin
pensamiento propio. Y cuanta más ignorancia, mayor y más fácil será la
manipulación, el eco. ¿Por qué sí la homosexualidad y no la poligamia?
Los cristianos no podemos permitir ser pisoteados de esta manera. Con
nuestros impuestos no. Y cuando en un país no hay verdadera libertad, el
destino es lo que Jiménez Losantos definió con acierto como "dictadura
silenciosa". Por ejemplo, ¿dónde están los tres millones de firmas
reivindicando la asignatura de religión? ¿Apiladas acaso en algún sótano
o logia? Toca despertar, salir a la calle. No más engaño ni necedad. Una
libertad cercenada no es verdadera libertad. Y sin libertad no hay
democracia que valga. ¿Estamos?
Guillermo Urbizu
guilleurbizu@hotmail.com
Publicado en El Semanal Digital el
13 de
marzo de
2005
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