Escribiendo en cristiano

28 marzo 2005

 

 

Libertad de enseñanza

 


Pues es así, como se lo digo, en España no existe libertad de enseñanza. Y tal vez sea éste nuestro mayor problema. La llamada izquierda progresista, solidaria y panfletaria, parece tenerle miedo a una verdadera libertad, en la que cada uno pueda elegir dentro de una igualdad de oportunidades. Si la hubiera no tendríamos que andar escogiendo colegio por estrambóticas zonas o por economía. Llevaríamos a nuestros hijos al colegio o instituto que nos diera la real gana. Y punto. Ayer fue la concertación –arma de doble filo–, hoy es la religión. ¿Y mañana? Es una auténtica obsesión por inmiscuirse en la vida privada de la gente, tratándonos a los padres como verdaderos menores de edad, en una sociedad supuestamente adulta. Que ya no estamos en la primera infancia de nuestra democracia. Digo. En la asignatura de "libertad" el suspenso lo estamos ganando a pulso. Dentro del orden que establecen los derechos humanos y las leyes, todo ideario vale, y el Estado debería velar por esa libertad de opción y no tutelarla a su antojo y capricho, por conveniencias ideológicas o por trajín sectario. El escándalo me parece mayúsculo, y los que salimos perdiendo somos todos. Con esta política educativa radical y laicista podemos acabar instalados de nuevo en pleno siglo XIX, universidad incluida (no hay más que ver los claustros).

Que la religión deje de ser una asignatura es una aberración cultural y otra prueba de esta carencia de libertad, porque entre otras cosas no se trata de una asignatura más. Es una asignatura que marca. Señal evidente de ello es el esfuerzo y el tiempo que dedican algunos a estorbarla, a desprestigiarla, a difamarla, a vaciarla de todo contenido académico, ético o social. La táctica me parece clara. Les interesan votantes que vivan en la afasia intelectual y en la inopia espiritual. Y el asunto comienza desde la infancia. Quieren formar ciudadanos amorales, permisivos, sin una gran capacidad crítica. La mediocritas como fundamento. ¿Que exagero? Miren y escuchen a su alrededor. La mayoría de las personas hablan al dictado de los medios de comunicación, sin pensamiento propio. Y cuanta más ignorancia, mayor y más fácil será la manipulación, el eco. ¿Por qué sí la homosexualidad y no la poligamia? Los cristianos no podemos permitir ser pisoteados de esta manera. Con nuestros impuestos no. Y cuando en un país no hay verdadera libertad, el destino es lo que Jiménez Losantos definió con acierto como "dictadura silenciosa". Por ejemplo, ¿dónde están los tres millones de firmas reivindicando la asignatura de religión? ¿Apiladas acaso en algún sótano o logia? Toca despertar, salir a la calle. No más engaño ni necedad. Una libertad cercenada no es verdadera libertad. Y sin libertad no hay democracia que valga. ¿Estamos?

 

Guillermo Urbizu

guilleurbizu@hotmail.com

Publicado en El Semanal Digital el 13 de marzo de 2005

 

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