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Literatura incompleta
Según los parámetros actuales la literatura de cariz religioso no cuenta
en las listas de libros más vendidos. Que lo sepan. Por lo visto son
libros de segunda clase, algo menor y completamente indigno de una
sociedad moderna. Se les margina en un gueto especial, en un
apartheid cultural estúpido. Como si por el hecho de tratar
determinado tema un texto tuviera menos consistencia literaria o una
entidad mercantil distinta. La injusticia es palpable, la memez
inconmensurable. Y todas esas listas que circulan por la prensa no dejan
de ser un divertido collage, un ejercicio de mercadotecnia
embrutecida, una muy secularizada manipulación de conveniencia. ¿A quién
se pretende engañar? ¿Qué sentido tiene obliterar o ignorar en dicha
sección esta literatura y no, por ejemplo, los libros de cocina, o los
de autoayuda, o los pornográficos, o los de Lucía Echebarría (o
Etxebarría)? La etiqueta de "libro religioso" es como la peste, oiga. Y
al lector curioso y coñón que es uno le soliviantan estas pejigueras,
qué le vamos a hacer.
Me recuerda todo esto algo que me ocurrió hace no mucho tiempo, y que no
deja de ser una curiosa variante de lo que ando comentando. Entré en
cierta librería buscando Las confesiones de San Agustín (por
enésima vez prestado y no recuperado, que no aprenderé) y Dios,
un libro de Olegario González de Cardedal, que recomiendo vivamente
desde aquí. Fui directo hacia los estantes de "Religión", en el pasillo
central. Pero topé con su ausencia, con un frío estupor. Su lugar lo
ocupaban los libros esotéricos, ya saben, todo ese conglomerado de
efluvios revenidos new age, ocultismo, parafernalia templaria y
demás cosquillas intelectuales, que ahora tanto se prodigan. Después de
dar vueltas y revueltas, y de jugar un rato al escondite, encontré por
fin la nueva ubicación religiosa. ¿Adivinan? Exactamente, allí mismo,
detrás de aquella columna, en lugar bien discreto. Sin comentarios. (Al
final compré un libro de Nicolás de Cusa, los otros dos no estaban).
¿Quiere esto decir que los llamados libros religiosos no interesan? Muy
al contrario. A las editoriales me remito. Porque además es un tipo de
libro con una gran fidelidad lectora. Se compran y leen por convicción,
por piedad, por creencia. No tanto por curiosidad, entretenimiento o
morbo. Por eso reivindico desde aquí su presencia en las listas de
libros más vendidos, se piense lo que se piense de ellas. Sin
cortocircuitos ideológicos, sin prejuicios mediáticos. Paulo Coelho sí,
de acuerdo, pero también María Vallejo-Nágera. Y José María Javierre, y
Juan Pablo II. O el que proceda. A cada uno lo suyo.
Guillermo Urbizu
guilleurbizu@hotmail.com
Publicado en El Semanal Digital el 12 de febrero
2005
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