Escribiendo en cristiano

20 febrero 2005

 

 

Literatura incompleta

 

Según los parámetros actuales la literatura de cariz religioso no cuenta en las listas de libros más vendidos. Que lo sepan. Por lo visto son libros de segunda clase, algo menor y completamente indigno de una sociedad moderna. Se les margina en un gueto especial, en un apartheid cultural estúpido. Como si por el hecho de tratar determinado tema un texto tuviera menos consistencia literaria o una entidad mercantil distinta. La injusticia es palpable, la memez inconmensurable. Y todas esas listas que circulan por la prensa no dejan de ser un divertido collage, un ejercicio de mercadotecnia embrutecida, una muy secularizada manipulación de conveniencia. ¿A quién se pretende engañar? ¿Qué sentido tiene obliterar o ignorar en dicha sección esta literatura y no, por ejemplo, los libros de cocina, o los de autoayuda, o los pornográficos, o los de Lucía Echebarría (o Etxebarría)? La etiqueta de "libro religioso" es como la peste, oiga. Y al lector curioso y coñón que es uno le soliviantan estas pejigueras, qué le vamos a hacer.

Me recuerda todo esto algo que me ocurrió hace no mucho tiempo, y que no deja de ser una curiosa variante de lo que ando comentando. Entré en cierta librería buscando Las confesiones de San Agustín (por enésima vez prestado y no recuperado, que no aprenderé) y Dios, un libro de Olegario González de Cardedal, que recomiendo vivamente desde aquí. Fui directo hacia los estantes de "Religión", en el pasillo central. Pero topé con su ausencia, con un frío estupor. Su lugar lo ocupaban los libros esotéricos, ya saben, todo ese conglomerado de efluvios revenidos new age, ocultismo, parafernalia templaria y demás cosquillas intelectuales, que ahora tanto se prodigan. Después de dar vueltas y revueltas, y de jugar un rato al escondite, encontré por fin la nueva ubicación religiosa. ¿Adivinan? Exactamente, allí mismo, detrás de aquella columna, en lugar bien discreto. Sin comentarios. (Al final compré un libro de Nicolás de Cusa, los otros dos no estaban).

¿Quiere esto decir que los llamados libros religiosos no interesan? Muy al contrario. A las editoriales me remito. Porque además es un tipo de libro con una gran fidelidad lectora. Se compran y leen por convicción, por piedad, por creencia. No tanto por curiosidad, entretenimiento o morbo. Por eso reivindico desde aquí su presencia en las listas de libros más vendidos, se piense lo que se piense de ellas. Sin cortocircuitos ideológicos, sin prejuicios mediáticos. Paulo Coelho sí, de acuerdo, pero también María Vallejo-Nágera. Y José María Javierre, y Juan Pablo II. O el que proceda. A cada uno lo suyo.

 

Guillermo Urbizu

guilleurbizu@hotmail.com

Publicado en El Semanal Digital el 12 de febrero 2005

 

 

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