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Miguel d´Ors, hacia una luz más pura
De cuando en cuando uno relee a los poetas predilectos, como quien se
sienta a escuchar una música amada o acaricia con demora la superficie
del tiempo. Es una necesidad que se impone a la vida que se desarrolla a
tu alrededor, es un respiro interior, una forma de esclarecer el alma.
El cansancio nos confunde, nos desorienta el dolor. Hay que parar, y
fijar la mirada en otra mirada, en un punto infinito de luz
incandescente. Sopla el viento con fuerza entre los versos, que, en
desaliñada armonía, van desgranando los recuerdos, los besos, los amigos
grafómanos, los paisajes con lluvia, el ubi sunt, la policromía
del otoño o el rutilante alboroto que fue la segunda mitad del siglo XX.
La vida. Y tu, Miguel d´Ors, que indagas en el secreto de su hábito
imperfecto, en ese cruce de símbolos y metáforas donde sueñas la
nostalgia. Rodeado de palabras por todos los sitios, te defiendes como
puedes en las verdes praderas de Wyoming, parapetado tras la coyuntura
del silencio. No es fácil hacer puntería cuando te invade el temblor de
la incertidumbre, de la soledad, o de amarga impotencia ("este trabajo
amargo de ser yo").
Miguel d´Ors, poeta al que recurro especialmente en momentos difíciles,
al que leo como balbuceando una oración que me sirve no tanto de
consuelo como de arquitectura que cobija mi exacto límite y mi fatiga.
Que es cuando más se necesita la Poesía, para qué vamos a engañarnos. Y
se agarra uno al libro con inusitada fuerza –¿ingenuo asidero?–,
subrayando con la sombra del lápiz en lo blanco de una esperanza donde
se dibuja el trazo invisible del prodigio. Y cierras de cuando en cuando
los ojos, y hablas solo, y escuchas el murmullo de la memoria que se
desliza entre tus miembros torpes y fríos. Es cielo y es azul, Curso
superior de ignorancia o La música extremada son una
experiencia poética de primer orden, una lucidez trémula que trasciende
por ensalmo la tristeza, porque no todo, en este trasiego de palabras,
resulta inútil.
Y me apropio, Miguel d´Ors, de algunos de tus versos (perdóname la leve
variación), y digo aquí, con brío, y con cariño: Que estas palabras le
digan al futuro que fuiste amigo mío.
Guillermo Urbizu
guilleurbizu@hotmail.com
Publicado en El Semanal Digital el 26 de febrero 2005
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