Escribiendo en cristiano

14 febrero 2005

 

 

 

Tríptico romano,

de Juan Pablo II
 

 

(Traducción de Bogdan Piotrowski
Universidad Católica San Antonio. Murcia, 2003. 74 págs)

 

La vocación poética no es en Juan Pablo II algo accidental. En ella está implícita una hermenéutica radical del amor que le consume, en un compromiso total con la verdad y con la belleza. En la Carta a los Artistas escribe: "Efectivamente, toda intuición artística auténtica va más allá de lo que perciben los sentidos y, penetrando la realidad, se esfuerza por interpretar el misterio escondido". Juan Pablo II ve en la belleza que las palabras enhebran al verso, el preludio del amor de Dios. "Magnificat (El Himno)", poema de 1939, tiene un significativo comienzo: "Glorifica, alma mía, la Majestad de Dios, / Padre de la bondad y de la gran poesía." Su creencia es pues su poesía.

Tríptico Romano es, fundamentalmente, evocación de Dios, meditación. En sus versos nos encontramos con influencias bien precisas: desde la Sagrada Escritura hasta la mejor tradición poética polaca (con contemporáneos suyos de la talla de Wislawa Szymborska, Czeslaw Milosz o el Bialoszewski de Misticismo para principiantes), pasando por la mística de Juan de la Cruz o la poesía grecolatina. Desde la atalaya de su fe reflexiona poéticamente sobre la belleza última de la                                                                       

 

Creación, sobre el Juicio Final, sobre el largo peregrinar que es la vida del hombre. Desde esta perspectiva contemplativa su visión es toda una revelación para el lector, que participa desde estos versos no sólo de la vida interior del poeta si no de la misma intimidad de Dios. Bien podría estar presidido todo el conjunto por aquel verso griego que cita San Pablo: "En Dios nos movemos, vivimos y existimos". Verso que el Papa poeta cita en el poema Epílogo del segundo movimiento.

El libro está dividido en tres partes, que se adivina como homenaje explícito a la Trinidad. La primera, "Arroyo", es un canto a la naturaleza y a la relación de los hombres con ella y con su Creador. La segunda, "Meditaciones sobre el libro del Génesis en el umbral de la Capilla Sixtina", se me antoja la más conseguida, donde el lugar y sus imágenes son cifra de la misma presencia de Dios, donde el tiempo y el espacio se difuminan en el cántico de su visión . En la tercera parte, "Monte en la región de Moria", la historia de Abraham es alegoría de nuestra misma historia, meditando sobre el destino del hombre y su libérrimo final.

Tríptico Romano es un testamento, un himno, un intuitivo texto sobre el que merece la pena reflexionar, y que me hace recordar unos versos de Czeslaw Milosz: "Desear la buena poesía y no alcanzarla, / comprender tarde su sentido redentor: / esto y sólo esto es una salvación". Porque toda poesía tiene su poso de oración.

 

Publicado en la revista digital Teleskop.

 

 

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