Escribiendo en cristiano

04 junio 2006

 

 

El odio a la Iglesia de Javier Bardem

 

 

Le consume sin remedio. Es algo congénito. Su mala baba es ya proverbial. Adicto a la chulería histriónica se le desfigura el alma a ojos vista, como a un nuevo Dorian Gray, en plan resabiado y macarra. Ese rostro suyo es el reflejo de años de acumulado rencor. La Iglesia Católica le pone literalmente enfermo. Y, usando su exquisita terminología de hemorroides verbales, quiere joderla como sea. Es su cantinela de progre jabalí. Porque según él es la Iglesia la culpable de casi todos los males de este mundo. Y ya no digamos de España. Ella es el enemigo, la bicha, el opio del pueblo. Pues el tipo anda henchido en revenidas consignas marxistas y frentepopulistas. ¡No pasarán! De tan jacobino resulta ridículo. “Si fuera homosexual, me casaría mañana mismo, sólo por joder a la Iglesia”, erupta en París. La imagen es de un gran gusto, muy fina, como corresponde a un séneca de la farándula, a un intelectual de pacotilla.

 

Vivir así debe ser una amargura. Todo el día pensando en joder a los que no piensan como uno tiene que resultar agotador. A no ser que la jodienda se tenga como una variante retórica del diálogo. Y es que la bilis ideológica hace estragos en los anticuerpos de algunos. Hablan de respeto y libertad de expresión, pero escupen a tu paso. Presumen de comprensión solidaria, y ridiculizan mis convicciones de cristiano. Se pavonean con el discurso del “no a la guerra”, pero siempre y cuando no afecte a sus compañeros de viaje, pesebre o delirio. Ya está bien de tragar con esta bazofia. No hay que pasar ni una. Que te jodan a ti, Javier Bardem, funcionario de lo siniestro. El amor al prójimo es una cosa y otra muy distinta el consentir que a uno le menten a la madre sin decir ni hacer nada. Y la Iglesia es mi madre. ¿Está claro comediante? 

 

Ya no es una cuestión política. Se trata del insulto gratuito, del comentario falaz, del aquí todo vale. Pero no, aquí no vale todo. Porque una democracia se fundamenta en la libertad, y la libertad en el respeto. Sin manipular a los homosexuales en tus cuitas personales, por ejemplo. Ni ellos, ni nadie, tienen la culpa de que te deleites en el odio anticristiano. Pero entérate de algo: nunca joderas a la Iglesia. Mejor dicho, a ese empandullo mental que tu crees que es la Iglesia. Nunca. Otros muchos lo han intentado durante dos mil años. Por eso te digo que el que realmente está jodido es Javier Bardem, que dilapida sus días en una existencia montaraz con guarnición grotesca. Allá tu. Es tu vida. Y yo, que no soy modelo de nada, hago el propósito de rezar alguna plegaria por ti. No lo tomes como una afrenta. Es simplemente que me cuesta poner fin a este artículo de un modo agrio.

 

GUILLERMO URBIZU

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