Escribiendo en cristiano

04 junio 2006

 

 

Tragedia en Londres

 

  

El mal existe. Y el terrorismo es una de sus más tétricas versiones. Hoy el mundo se conmueve de nuevo. Debemos solidarizarnos y rezar por todas esas personas que han sido asesinadas en Londres por un odio irracional. Pero también debemos pensar. Porque no puede haber cabida en Occidente a la debilidad, al cabestreo político, a la más mínima justificación o añagaza sofista. Señores, estamos en guerra. Una guerra contra la humanidad, donde las batallas tienen lugar de forma novedosa, invisible tantas veces y en tantos frentes, donde los atentados sólo son la punta sangrienta del iceberg. Y es preciso enterarse de una vez por todas. Porque los españoles estamos en primera línea de fuego.

 

No puede ser que pasadas unas semanas olvidemos. Y hasta el siguiente latigazo. No. Es preciso tomar conciencia de que el terrorismo se combate día a día. Con la ley y con la justicia. Y con dignidad, y con astucia. No podemos llegar a ser colaboradores inconscientes del terror. Porque el terror es siempre un holocausto. Ya sea una bomba o un tiro en la nuca. Y en estas circunstancias no podemos permitirnos el lujo de políticos pusilánimes. Si cedemos un poco (o un mucho), si ideologizamos a las víctimas, si creemos que con palabras bonitas se arregla todo, llevamos todas las de perder. La firmeza es imprescindible, condición “sine qua non”. Aunque duela, aunque se pierdan elecciones, aunque haya que reconocer que nos habíamos equivocado.

 

Ante la muerte, ante el asesinato frío y premeditado, no caben derechas o izquierdas. Somos todos iguales. Y nuestros actos aquí tienen su repercusión en otro sitio. Por ejemplo en Londres. No, no se puede ceder ni un ápice. Porque es un hecho que el terrorismo se fortalece en nuestra debilidad y en nuestro miedo. Siempre ha sido así. ¿Qué justificación puede tener asesinar a una persona, ciento o mil? ¿Nacionalismos descontrolados? ¿Guerra santa? ¿Odio? ¿Racismo? Absolutamente nada. Por eso es tan triste ver en tu propio país a determinada gentuza campar a sus anchas -incluso en determinados parlamentos-, cuando sabes que son terroristas o soplones de terroristas. Escuchar a presuntos políticos diciendo que en fin, que ya veremos, que hay que dialogar. ¡Dios mío!

 

En el terrorismo no hay matices que valgan. O se está con ellos o contra ellos. O se está por la democracia o contra la democracia. O por la vida o contra la vida. Díganselo a los muertos de Londres o al embajador egipcio en Irak. Lo demás son florituras y ganas de incordiar. Por eso es tan importante que saquemos conclusiones de esta nueva tragedia terrorista. Porque nos jugamos algo más que la vida. Nos jugamos la libertad de nuestros hijos.

 

 

GUILLERMO URBIZU


 

Página principal

darfruto.com