Escribiendo en cristiano

04 junio 2006

 

 

 

La hija de los faraones y El sacerdote de Ptah

 

 

Autor:  Emilio Salgari.

Traducción: no consta.

Ediciones El Cobre. Barcelona, 2005. 360 págs. 25 euros

 

 

 

Hay escritores que no nos abandonan jamás. El paso de los años  va perfilando su obra en nosotros con nuevos contrastes y matices. Sus libros nos recuerdan que hubo un tiempo en el que detrás de cada anécdota descubríamos una estremecedora aventura. Éramos niños, pero éramos mucho más. Los sueños eran nuestra vida. Aquellos títulos eran la tierra prometida a la que acudíamos presurosos -sin resuello casi- tras la vuelta del colegio. Dejar en la estacada a gente como Sandokán o Yáñez hubiera sido una traición imperdonable. Una traición que hubiéramos pagado muy caro. Pero el caso es que el fuego graneado de la vida hace sus estragos.

 

Son autores y títulos que ahora quizá volvemos a leer a través de nuestros hijos. O quizá no, tan imbuidos andan ahora los críos en fantasías más alambicadas. La nómina de autores es inolvidable. Por ejemplo Julio Verne, Daniel Defoe (y su Robinson), Ryder Haggard, Ruyard Kipling, R.L. Stevenson, Enid Blyton (sí, también ella) o Alejandro Dumas. Y por supuesto el veronés Emilio Salgari (1862-1911), al que uno siempre ha tenido entre sus preferidos. Son una parte de nuestros clásicos, de nuestra “educación sentimental”, que diría don Julián Marías.

 

Salgari se inició en la poesía. Después pasó a pequeños relatos. Publicó por entregas su primer libro. Y no dejó ya de seguir escribiendo. Sobre todo acuciado por las necesidades económicas. Desde el mundo de la selva a la épica del Oeste. El mundo como aventura. Se suicidó a los 47 años, víctima de la absoluta tristeza por la enfermedad -tuvo que ser internada en un manicomio- y muerte de su mujer Ida Peruzzi. El interés por su obra pervive y se afianza. Desde luego Emilio Salgari no se agota en Sandokán o en El Corsario Negro. Y La hija de los faraones es ejemplo de ello. Sin olvidarnos del que yo considero uno de sus mejores libros: La montaña de luz (Alianza). Traducida ejemplarmente por el poeta Antonio Colinas.

 

 

En poco tiempo han salido a luz en España varios libros de Salgari. Mondadori ha editado en un magnífico volumen Los tigres de Mompracem, El rey del mar y El corsario negro. Akal también ha editado el Corsario. Pero la edición que a mí más me ha llamado la atención es la del libro que aquí comentamos. Quizá porque La hija de los faraones y El sacerdote de Ptah -una sola historia dividida en dos partes- sea mucho menos conocida para el lector español. ¡Ay, aquella edición de casi todo Salgari que editó la editorial Gahe! Casi ochenta títulos. Porque esta edición se basa precisamente en ellas (1970 y 1975), traducciones  incluidas.

 

La novela que nos ocupa ofrece todos los requisitos del mejor Salgari. Exotismo, faraón destronado, heredero educado por la misteriosa figura de Ounis, hombres leales al antiguo faraón, brujería, intrigas, amores apasionados, la constante presencia del Nilo y una acción trepidante que nos va acercando a la majestuosa ciudad de Menfis donde culminará la acción. Con sorpresa incluida. (Quizá leyera este libro el finlandés Milka Waltari, creador de Sinuhé el Egipcio, otro título de adolescencia del que no conviene desprenderse).

 

El estilo de Salgari es sencillo y vibrante, con un cierto toque romántico y trágico. Como en todos sus libros, los personajes centrales se rebelan contra la injusticia y luchan por el bien de los suyos, por su libertad. El trajín de aventuras no puede ocultar el trasfondo de valores que atesora el libro. Tras ello, sin duda, los anhelos del propio autor, con su poso de melancolía, con su imaginación y  cultura.

 

En definitiva, un buen libro para toda la familia.

 

GUILLERMO URBIZU


 

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