Escribiendo en cristiano

04 junio 2006

 

 

La educación como manipulación

 

  

 

Los marxistas se dieron muy pronto cuenta de esta realidad. Pero la cosa ya viene de antiguo. La educación como herramienta política. No interesa la excelencia del pensamiento, ni interesa para nada que los ciudadanos adquieran una formación intelectual sólida, o que ejerzan el derecho a que sus hijos estudien donde les dé la gana. El poder, cuando lo ha detentado la izquierda, siempre ha estado más interesado en el cultivo de la mediocridad uniforme. Y, como diría el teórico comunista Antonio Gramsci, en la “necesidad de una preparación ideológica de la masa”. A su conveniencia, por supuesto. Y en ello está Zapatero.    

 

Observen el panorama actual: un presidente del Gobierno licenciado en Derecho que no sabe ni lo que significa el concepto “nación”, una vicepresidenta que llegó a ser juez sin pasar por oposición alguna, o un ministro Montilla que no se sabe si terminó el bachillerato. Y podríamos seguir. El  estudio siempre ha exigido sacrificio, por eso ellos prefieren medrar e intrigar, viviendo del presupuesto mientras se pueda. Les molesta una enseñanza de calidad porque son idólatras de la cuchipanda y la arbitrariedad. La disciplina en pedagogía les parece un concepto medieval. ¿Libertad? Casi nunca rima con responsabilidad o compromiso. Más bien con capricho o inmunidad.  Son así, y nos quieren hacer comulgar con ruedas de propaganda.

 

¿Ustedes creen, por ejemplo, que las series de televisión son producto de la casualidad? Muy al contrario. Están perfectamente diseñadas para hacer del personal almas vacías, sin criterio, eternos adolescentes consentidos. Eso sí, todo con muy buen humor. Los mensajes que se transmiten van socavando nuestra dignidad, en pro de una manipulación despreciable. La familia se tiene como una inquisición. Y como me decía un buen amigo, ¿ustedes han visto alguna vez que en dichas series los chavales estudien? Ni los verán. Todo queda en francachelas e insinuaciones sexuales de todo tipo y condición.

 

Poco a poco estamos haciendo de nuestros hijos unos truchimanes de cuidado, unos perfectos dictadores de diseño, sin personalidad. A imagen y semejanza de los modelos que se les ofrece. En ellos estamos suicidando el futuro de nuestra sociedad. Y sin embargo el gobierno insiste, terco, en esta algarabía desenfrenada. Insiste en querer controlar la libertad de la gente con su ley educativa (LOE),  en apartar la religión como si fuera una superstición dañina (sustituyéndola por el totemismo del progreso), o en seguir llevando las humanidades hacia la extinción.

 

Por eso hay que manifestarse, protestar, exigir, ejercer nuestros derechos ciudadanos en pro de una enseñanza libre y de calidad. ¡Basta ya de asnadas! Sin libertad no hay democracia que valga, por más que de venerable talante la vistan. Y sin una educación en condiciones la libertad es pura filfa.

 

 

GUILLERMO URBIZU

 

 

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