Escribiendo en cristiano

04 junio 2006

 

 

La  rentrée  literaria

 

 

 

 

Aquí estamos otra vez, después de un verano jugoso en lecturas y otros menesteres. Esas frescas mañanas en las que uno se levanta muy temprano precisamente para eso, para leer, balanceándose en la mecedora del jardín, debajo de las parra. O esas noches sin tiempo en las que la madrugada nos pilla embebidos en ese libro que no podemos apartar de los ojos. Por ejemplo la magnífica edición que ha realizado Edhasa de La montaña mágica, de Thomas Mann, o los ensayos y poemas que componen Poesía hispánica contemporánea, publicada por Círculo de Lectores. Pero lo bueno se acaba. Y lo muy bueno se acaba mucho antes. Todos tenemos la experiencia. Volver al mundo vamos. Título de una de las mejores novelas que he leído en años. De González Sáinz, en Anagrama. Fascinante. Por eso los comienzos de septiembre son tan propicios a la melancolía. Lágrimas de sal recorren el surco de la memoria, del tiempo ido. Necesitamos nuevos títulos que cautericen la irremediable realidad del recuerdo, del viaje, y del reencuentro con la rutina. Y nos son dados. Puntualmente. Libros para todos los gustos. Citaré algunos.

 

Me ha cautivado una novela que aparecerá dentro de pocos días, en Umbriel. Su título: La historiadora. Su autora: Elizabeth Kostova. Libro inquietante y susgestivo. La historia de una obsesión. El bien y el mal de nuevo en liza, con agudeza. Esta vez centrado en el personaje de Drácula. Como siempre, acercarse a la verdad resulta arriesgado. Otras novelas que no defraudarán serán Las gallinas del licenciado, de José Jiménez Lozano (Seix-Barral), o Doctor Pasavento, de Enrique Vila-Matas (Anagrama). Este último prosigue sus particulares y agudas cavilaciones sobre lo literario y el submundo que lo rodea. Ahora le toca a la fama y su fantasmagoría, tomando como base la figura del escritor suizo Robert Walser, tan admirado por Kafka y del cual la editorial Siruela se viene ocupando concienzudamente. Sin olvidarnos de los últimos apuntes memoriosos de Alfredo Bryce Echenique, con su Permiso para sentir publicado por Alfaguara.

 

En el escaparate de nuestras librerías pronto estarán también el comienzo de las obras completas de Juan Carlos Onetti, que edita Círculo de Lectores. Una apuesta por la calidad literaria sin fisuras que se agradece. Onetti -al que Luis Rosales dedicó La carta entera- es un escritor fuera de lo común. Tan grande como desconocido. Al igual que el premio Nobel J.M. Coetzee, que nos ofrece ahora -gracias a Mondadori- su Hombre lento. Relato que desgrana los recovecos de la vejez, con su rabia y su ternura.

 

Pero son cientos los títulos. Algunos infumables. Es imposible dar fe de todos ellos. He traído aquí unos pocos que sin duda aconsejaría a quien me pidiera parecer. ¿Y poesía? Les seré sincero. Prefiero releer las Canciones y sonetos de John Donne (Cátedra tiene una excelente traducción de Purificación Ribes), o Pasos en la nieve, de Jaime Siles, publicado por Tusquets el pasado año, en donde leo unos versos que nos sirven para atisbar lo que es la verdadera literatura. Pues ella nos “trae un sentimiento íntimo de vida / y una emoción de tiempo, / como todo lo inútil, necesario”.

 

 

GUILLERMO URBIZU

 

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