Escribiendo en cristiano

04 junio 2006

 

 

 

¿Qué es el Quijote?

Este año El Quijote es un aniversario, desde luego, una sucesión de zalamerías institucionales plagada de ritos eruditos que a no pocos que no son Rico (don Francisco) ayudará a darse un capricho algo distinto. O a entablar nuevas relaciones profundamente lingüísticas, de hermenéutica liviana y fonética muda. Habrá para todos, espero, a diestra y siniestra, que lo bien repartido hace provecho. Aunque me temo lo peor, amigo Sancho, que en España, ya sabes, siempre hemos sido un tanto estreñidos de bolsa con los que piensan distinto. Pero no seamos malos augures, pues la celebración y sus fuegos artificiales merecerán la pena, seguro. Cuatrocientas velas no las cumple cualquiera, aunque apenas sea su llama un fugaz soplo. Un poco de tiempo, apenas nada.

Pero El Quijote es hoy, sobre todo, un buen negocio, un guarismo tras otro. Las ediciones se prodigan en un brillante talento de diseño. Porque hemos convertido la literatura en mero aderezo de consumo, en una mixtificación social, en una cita a pie de pose. Entre nosotros, sin prosapias hipócritas: lo que importa es vender. Un Quijote en cada casa. Leer es una metafísica muy distinta, más o menos pegadiza, pero allá cada cual se las componga. Hace poco, mientras paseaba entre la niebla, escuche el siguiente coloquio entre dos muchachos:

– ¿Qué le regalaste? –decía él.
– Chico, al final le regalé El Quijote –contestó ella.
– ¡Qué guay! –aseveró el primero.

Pues eso, guay. Que ya lo dice Zapatero en la estupenda revista Leer: "El Quijote es la constitución de la vida". ¡Cáspita! O mejor: ¡Córcholis! Eso sí que es tener garbo cervantino. Aunque tal vez haya leído a Jürgen Habermas y se le haya escapado una epistemología cursi sin querer. Para otros es "la Biblia de los libros", o poco menos que el libro que le falta a la Biblia. O una especie de esotérico "Código da Vinci" con interpretaciones alucinógenas. O un simple objeto coleccionable. ¡Tantas cosas se dicen y se hacen!

Pero claro, El Quijote –aparte de un aniversario, de un negocio o de una constitución– es también una novela. Porque a veces se nos olvida. Una novela de amor para más señas. La historia de un lector que imagina ser el protagonista de cada uno de sus más queridos libros. El relato de un hombre enamorado que sueña con un mundo mejor. Por Dios, por Dulcinea, por la literatura. Al menos a mí me gustaría morir como lo hizo don Alonso Quijano, como un hombre bueno. Lo demás, en realidad, ¿qué importa?

 

Guillermo Urbizu

guilleurbizu@hotmail.com

Publicado en El Semanal Digital el 22 de enero 2005. 

 

 

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