Novena en honor de la Inmaculada Concepción de María

17 junio 2006

 

 

 

3 DE DICIEMBRE

 

PRESENCIA DE DIOS: “Guardaba todas estas cosas ponderándolas en su corazón”.

 

Oración inicial: Oh Dios, que con la ayuda del Espíritu Santo preparaste el cuerpo y el alma de la Virgen María para que fuera digna morada de tu Hijo Jesús, ayúdame a mí también durante estos nueve días a purificar más mi alma de modo que Jesús esté más contento de mí. Madre mía, Inmaculada, San José mi Padre y Señor, Ángel de mi guarda, interceded por mí.

 

“Había unos pastores por aquellos contornos, que dormían al raso y vigilaban por turno su rebaño durante la noche. De improviso un ángel del Señor se les presentó, y la gloria del Señor los rodeó de luz y se llenaron de un gran temor. El ángel les dijo: No temáis, pues vengo a anunciaros una gran alegría, que lo será para todo el pueblo: hoy os ha nacido, en la ciudad de David, el Salvador, que es el Cristo, el Señor; y esto os servirá de señal: encontraréis a un niño envuelto en pañales y reclinado en un pesebre. De pronto apareció junto al ángel una muchedumbre de la milicia celestial, que alababa a Dios diciendo: Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad. Luego que los ángeles se apartaron de ellos hacia el cielo, los pastores se decían unos a otros: Vayamos hasta Belén, y veamos este hecho que acaba de suceder y que el Señor nos ha manifestado. Y vinieron presurosos, y encontraron a María y a José y al niño reclinado en el pesebre. Al verlo, reconocieron las cosas que les habían sido anunciadas acerca de este niño. Y todos los que escucharon se maravillaron de cuanto los pastores les habían dicho. María guardaba todas estas cosas ponderándolas en su corazón” (Lc 2, 8-19).

 

Este pasaje lo leemos todas las Navidades y, efectivamente, quedan ya muy pocos días para celebrar esa gran fiesta: el Nacimiento de Jesús. Seguro que María se preparó muy bien para ese momento. ¡Cuánto lo había deseado! ¡Ver cara a cara a Jesús! ¡Un Dios con rostro humano!

 

Tal actitud, el deseo de ver el rostro de Dios, es ya un primer inicio de oración. Después de recogernos y ponernos en presencia de Dios deberíamos buscar su cara. Señor, ¡quiero ver tu rostro! Me gusta imaginarme tu mirada, tus rasgos… Cuando hago oración no estoy hablando al vacío o a un bloque de mármol, sino a una persona con ojos, nariz, orejas, boca... Buscando tu rostro encontraré el mío. Me ayudarás entonces a quitarme todas las máscaras, las caretas, a despojarme de todo lo artificial que hay en mí, a quedarme sólo con lo auténtico.

 

María anhelaba ver al Niño. Jesús, que yo te busque más durante mi jornada, dame ese anhelo, esa presencia tuya; recuérdame que siempre me ves, que me oyes. Así, poco a poco, iré haciendo de mi vida un diálogo continuo, un diálogo divino en medio de las cosas de todos los días.

 

Al igual que un día a Ella se le apareció un ángel, lo mismo ocurre ese día a unos pastores -de esos que se cuentan entre los humildes del Magníficat-. Los ángeles les anuncian el inminente nacimiento de nuestro Salvador. Y, al igual que María se puso en camino hacia la casa de su prima Isabel, los pastores se encaminan hacia Belén. Llegan al portal y allí encuentran a Jesús: el Rey del Mundo, el Creador del universo. Está envuelto en pañales y recostado en un pesebre. Felicitan a María y a José. Adoran al Niño.

 

Adorarte Jesús, buscarte y reconocerte. Señor mío, que yo siempre, delante de Ti, me vea niño, un niño muy pequeño, como apareciste Tú ese día ante el mundo (representado en un pequeño grupo de pastores). De esta manera nunca olvidaré que soy muy poca cosa, que sólo Tú eres grande.

 

María está muy contenta. No se esperaba esa visita: fue una sorpresa. Al igual que hará el resto de su vida ante las “sorpresas” divinas, Ella guardará todas esas cosas ponderándolas en su corazón, es decir, las hablará con Dios.

 

Para examinarte delante de Dios:

 

¿Cómo reacciono antes los problemas, imprevistos y dificultades? ¿Me desanimo, pierdo la paz y me entristezco, o trato -como la Virgen- de ver qué me pide Dios con ellos?

 

¿Tengo algunos “pequeños trucos” para acordarme más de Dios durante el día?

 

¿Al meditar el Evangelio, al hacer oración, busco el rostro de Dios, trato de imaginarme su cara?

 

Oración final: María, Madre de gracia, Madre de piedad y de misericordia defiéndenos de nuestros enemigos y ampáranos ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

 

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