Novena en honor de la Inmaculada Concepción de María

17 junio 2006

 

 

 

6 DE DICIEMBRE

 

VOLUNTAD DE DIOS: “Haced lo que él os diga”.

 

Oración inicial: Oh Dios, que con la ayuda del Espíritu Santo preparaste el cuerpo y el alma de la Virgen María para que fuera digna morada de tu Hijo Jesús, ayúdame a mí también durante estos nueve días a purificar más mi alma de modo que Jesús esté más contento de mí. Madre mía, Inmaculada, San José mi Padre y Señor, Ángel de mi guarda, interceded por mí.

 

Al tercer día se celebraron unas bodas en Caná de Galilea, y estaba allí la madre de Jesús. También fueron invitados a la boda Jesús y sus discípulos. Y, como faltase el vino, la madre de Jesús le dijo: No tienen vino. Jesús le respondió: Mujer, ¿qué nos va a ti y a mí? Todavía no ha llegado mi hora. Dijo su madre a los sirvientes: Haced lo que él os diga.

 

Había allí seis tinajas de piedra preparadas para las purificaciones de los judíos, cada una con capacidad de dos o tres metretas. Jesús les dijo: Llenad de agua las tinajas. Y las llenaron hasta arriba. Entonces les dijo: Sacad ahora y llevad al maestresala. Así lo hicieron. Cuando el maestresala probó el agua convertida en vino, sin saber de dónde provenía, aunque los sirvientes que sacaron el agua lo sabían, llamó al esposo y le dijo: Todos sirven primero el mejor vino, y cuando ya han bebido bien, el peor; tú, al contrario, has guardado el vino bueno hasta ahora. Así, en Caná de Galilea hizo Jesús el primero de sus milagros con el que manifestó su gloria, y sus discípulos creyeron en él” (Jn 2, 1-11).

 

Jesús y María asisten a una boda. Ella, siempre servicial y pendiente de los demás, descubre que el vino no va a ser suficiente y, para que los esposos no queden mal ante los invitados, busca a su Hijo y se lo dice.

 

Jesús, que yo también me adelante a servir a los demás. A veces me doy cuenta de que falta algo, de que puedo ayudar más, echar una mano…; pero me vence la pereza y dejo que lo haga otro.

 

Jesús advierte a su Madre que todavía no es su hora (la hora prevista por su Padre para que se diese a conocer públicamente como Mesías haciendo milagros). Sin embargo, la Virgen insiste: tiene tal confianza en su Hijo que, sin necesidad de más palabras, se dirige directamente a los sirvientes: “haced lo que él os diga”.

 

María es Medianera de todas las gracias. Muchas veces acudimos a su intercesión para tratar de convencer a su Hijo más rápidamente, sabiendo que Jesús no puede negarle nada pues Ella siempre le dijo que sí.

 

La Virgen también nos dice hoy a nosotros: “haced lo que él os diga”. Nos remite a su Hijo y, ¿qué es lo que Dios quiere que hagamos? ¿cuál es su voluntad? “Esta es la volunta de Dios, vuestra santificación”. Jesús quiere que seamos santos, que no nos conformemos con ir tirando o con ser buenas personas. En esta palabra, “santidad”, nos lo jugamos todo: aquí está el porqué y el para qué de nuestra vida. Ser santo es difícil, no imposible. Lo mejor es que María está empeñada en ayudarnos, a echarnos una mano en lo que necesitemos, como con el vino de estos esposos el día de su boda.

 

Jesús hace el milagro. Los recién casados ni se dieron cuenta de que faltaba vino ni, probablemente, supieron de la intercesión poderosa de la Virgen. Los discípulos después de ver el milagro quedaron fortalecidos en la fe. Quizás Jesús lo hizo más por ellos, que le seguían desde hacía poco tiempo, que por los esposos.

 

Para examinarte delante de Dios:

 

¿Considero la santidad como la cosa más importante en mi vida? ¿Es mi objetivo principal, mi fin último?

 

¿Concreto los deseos de ser santo en algunos “encuentros” con Dios esparcidos a lo largo de mi jornada?

 

¿Antes de tomar alguna decisión más importante le pregunto a Dios si es ésa su voluntad?

 

Oración final: María, Madre de gracia, Madre de piedad y de misericordia defiéndenos de nuestros enemigos y ampáranos ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

 

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