El sacrificio de Abel
Argumento: Adán y Eva tuvieron dos hijos: Caín y Abel. Ambos ofrecían a Dios como sacrificio el fruto de su trabajo. Abel, como era pastor, le ofrecía la mejor de sus ovejas, la más gorda y saludable. Caín, en cambio, era labrador, y le ofrecía lo peor de su cosecha: tomates podridos y manzanas picadas. Dios aceptaba la ofrenda de Abel, y por eso su humo subía derecho al Cielo, pero rechazaba la de Caín, cuyo humo se estancaba a ras del suelo.
En la Misa ponemos imaginariamente sobre el altar el fruto de nuestro trabajo; en la del Domingo, por ejemplo, ofrecemos a Dios el estudio y las tareas domésticas de toda la semana. Ahora bien, hay que trabajar bien, no podemos ofrecerle chapuzas. Y si hemos trabajado mal, al menos pediremos perdón con el propósito de rectificar.
Oración: Te ofrezco, Señor, mi trabajo como ofrenda limpia y pura, este esfuerzo de aquí abajo hasta ti quiero que suba.
Texto bíblico: Gén 4, 1-15
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