El sacrificio de Abel
Argumento: Adán y Eva tuvieron dos hijos: Caín y Abel. Ambos ofrecían a Dios como sacrificio el fruto de su trabajo. Abel, como era pastor, le ofrecía la mejor de sus ovejas, la más gorda y saludable. Caín, en cambio, era labrador, y le ofrecía lo peor de su cosecha: tomates podridos y manzanas picadas. Dios aceptaba la ofrenda de Abel, y por eso su humo subía derecho al Cielo, pero rechazaba la de Caín, cuyo humo se estancaba a ras del suelo.
En la Misa ponemos imaginariamente sobre el altar el fruto de nuestro trabajo; en la del Domingo, por ejemplo, ofrecemos a Dios el estudio y las tareas domésticas de toda la semana. Ahora bien, hay que trabajar bien, no podemos ofrecerle chapuzas. Y si hemos trabajado mal, al menos pediremos perdón con el propósito de rectificar.
Oración: Te ofrezco, Señor, mi trabajo como ofrenda limpia y pura, este esfuerzo de aquí abajo hasta ti quiero que suba.
Texto bíblico: Gén 4, 1-15
Lectura del libro del Génesis Gén 4, 2-10
Abel fue pastor de ovejas y Caín agricultor. Al cabo de un tiempo, Caín presentó como ofrenda al Señor algunos frutos de la tierra, mientras que Abel le ofreció las primicias y lo mejor de su rebaño. El Señor miró con agrado a Abel y su ofrenda, pero no miró con agrado a Caín ni su ofrenda. Caín se mostró muy resentido y agachó la cabeza. El Señor le dijo: "¿Por qué estás disgustado y tienes la cabeza baja? Si obras bien podrás mantenerla erguida; en cambio si obras mal, el pecado está agazapado a la puerta y te acecha, pero tú debes dominarlo". Caín dijo a su hermano Abel: "Vamos afuera". Y cuando estuvieron en el campo, se abalanzó sobre su hermano y lo mató. Entonces el Señor preguntó a Caín: "¿Dónde está tu hermano Abel?". "No lo sé", respondió Caín. "¿Acaso yo soy el guardián de mi hermano?". Pero el Señor le replicó: "¿Qué has hecho? ¡Escucha! La sangre de tu hermano grita hacia mí desde el suelo.
Palabra de Dios
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