Pláticas infantiles

21 septiembre 2008

 

 

 

La cena pascual

 

Explicación (para el catequista):

En hebreo “Pascua” significa el Paso, y evoca la noche en que los israelitas partieron de Egipto y el ángel pasó por entre sus casas, marcadas en la puerta con sangre, preservándoles así del castigo divino. Esta idea de el Paso de Dios es muy importante en la Biblia y se repite en otros lugares, por ejemplo el paso del Mar Rojo, el paso hacia la Tierra Prometida a través del desierto, etc. Todas estas figuras se cumplen en Cristo, que san Pablo llama, así, directamente, nuestra Pascua (cfr 1 Cor 5, 7). En Él, en efecto pasamos de la muerte a la vida, del pecado a la gracia, de la esclavitud a la libertad. Por esa especie de escalera que es Cristo (cfr Gén 28, 12 y Jn 1, 51) desciende todo lo divino y asciende todo lo humano.

 

En un sentido más específico la palabra Pascua designa los acontecimientos en que culmina la vida del Señor y donde se manifiesta plenamente su misión: la pasión, muerte, resurrección y ascensión. Todas los sacramentos y obras de la Iglesia actualizan este Paso, que es Cristo, y pueden llamarse por tanto Pascua (¡felices pascuas!, decimos en Navidad). Ahora bien, la celebración semanal de la Pascua entre los cristianos, resumen de todo lo que la Iglesia hace y es, tiene un nombre muy preciso: Eucaristía, es decir, la Misa.

 

Tomaron panes sin fermentar y hierbas amargas porque estaban a punto de salir hacia la Tierra Prometida, y no tenían tiempo de prepararlo. Análogamente, también nosotros vivimos la misa como fiesta del Pueblo Peregrino, y la comunión es el alimento de los que caminamos hacia el Cielo.

 

Poned atención en la frase “la sangre será vuestra señal”: ¿Qué significado tiene para nosotros, los cristianos?

 

Jamba significa cada una de las partes verticales del marco de una puerta, y dintel es la parte de arriba.

 

 

Oración:

Jesús, divino cordero,

por los hombres entregado

por ti pasamos al Cielo

libres del mal y el pecado.

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Lectura del libro del Éxodo                                                 12, 1-8. 11-14

 

En aquellos días, dijo el Señor a Moisés y a Aarón en tierra de Egipto:

«Este mes será para vosotros el principal de los meses; será para vosotros el primer mes del año. Decid a toda la asamblea de Israel: “El diez de este mes cada uno procurará un animal para su familia, uno por casa. Si la familia es demasiado pequeña para comérselo, que se junte con el vecino de casa, hasta completar el número de personas; y cada uno comerá su parte hasta terminarlo. Será un animal sin defecto, macho, de un año, cordero o cabrito.

Lo guardaréis hasta el día catorce del mes, y toda la asamblea de Israel lo matará al atardecer. Tomaréis la sangre y rociaréis las dos jambas y el dintel de la casa donde lo hayáis comido. Esa noche comeréis la carne, asada a fuego, comeréis panes sin fermentar y verduras amargas. Y lo comeréis así: la cintura ceñida, las sandalias en los pies, un bastón en la mano; y os lo comeréis a toda prisa, porque es la Pascua, el paso del Señor.

Esta noche pasaré por todo el país de Egipto, dando muerte a todos sus primogénitos, de hombres y de animales; y haré justicia de todos los dioses de Egipto. Yo soy el Señor. La sangre será vuestra señal en las casas donde estéis: cuando vea la sangre, pasaré de largo; no os tocará la plaga exterminadora, cuando yo pase hiriendo a Egipto. Este día será para vosotros memorable, en él celebraréis la fiesta al Señor, ley perpetua para todas las generaciones.»

 

Palabra de Dios

 

 

 

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