Pláticas infantiles

21 septiembre 2008

 

 

David ungido por Samuel

En esta historia aparece una palabra muy rara: “ungir”. Ungir significa derramar aceite sobre una persona, hasta empaparla totalmente. Esto lo hacían los profetas con las personas importantes, reyes, sacerdotes y profetas, para expresar que habían sido elegidos por Dios y tenían una misión que cumplir. La unción es, por tanto, señal de dignidad, belleza y predilección.

 

En este pasaje veremos cómo Samuel, siguiendo la voz de Dios, unge a David como rey. Esta unción-elección de David es una profecía de la unción de Jesús. Precisamente Cristo significa en hebreo “Ungido”.

 

Pero la unción de Jesús no es con aceite, sino con el Espíritu Santo. El Espíritu, que es el amor de Dios, llena a rebosar el cuerpo y el alma de Jesús.

 

En cierto modo, también nosotros somos ungidos por el Espíritu Santo, porque lo recibimos en el bautismo. Esta unción es como un maravilloso vestido invisible, que nos permite participar en la Santa Misa.

 

Oración

La unción del Espíritu Santo

Lléname, Espíritu Santo,

úngeme como a Jesús,

que tu gracia me rebose

y sólo me muevas tú.

 

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Lectura del Primer libro de Samuel                           16, 1b -13

 

Dijo Yahveh a Samuel: Llena tu cuerno de aceite y vete. Voy a enviarte a Jesé, de Belén, porque he visto entre sus hijos un rey para mí.» Samuel replicó: «¿Cómo voy a ir? Se enterará Saúl y me matará.» Respondió Yahveh: «Lleva contigo una becerra y di: "He venido a sacrificar a Yahveh." Invitarás a Jesé al sacrificio y yo te indicaré lo que tienes que hacer, y me ungirás a aquel que yo te diga.»

Hizo Samuel lo que Yahveh le había ordenado y se fue a Belén. Salieron temblando a su encuentro los ancianos de la ciudad y le preguntaron: «¿Es de paz tu venida, vidente?» Samuel respondió: «Sí; he venido a sacrificar a Yahveh. Purificaos y venid conmigo al sacrificio.» Purificó a Jesé y a sus hijos y les invitó al sacrificio.

Cuando ellos se presentaron vio a Eliab y se dijo: «Sin duda está ante Yahveh su ungido.» Pero Yahveh dijo a Samuel: «No mires su apariencia ni su gran estatura, pues yo le he descartado. La mirada de Dios no es como la mirada del hombre, pues el hombre mira las apariencias, pero Yahveh mira el corazón.» Llamó Jesé a Abinadab y le hizo pasar ante Samuel, que dijo: «Tampoco a éste ha elegido Yahveh.» Jesé hizo pasar a Sammá, pero Samuel dijo: «Tampoco a éste ha elegido Yahveh.» Hizo pasar Jesé a sus siete hijos ante Samuel, pero Samuel dijo: «A ninguno de éstos ha elegido Yahveh.»

Preguntó, pues, Samuel a Jesé: «¿No quedan ya más muchachos?» El respondió: «Todavía falta el más pequeño, que está guardando el rebaño.» Dijo entonces Samuel a Jesé: «Manda que lo traigan, porque no comeremos hasta que haya venido.» Mandó, pues, que lo trajeran; era rubio, de bellos ojos y hermosa presencia. Dijo Yahveh: «Levántate y úngelo, porque éste es.» Tomó Samuel el cuerno de aceite y le ungió en medio de sus hermanos.

 

Palabra de Dios

 

 

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