Ester, reina de Babilonia, era una mujer bellísima. Mirad a la izquierda qué traje tan lujoso, qué adornos, que rostro tan maquillado y coqueto. Pero hubo un tremendo complot contra el pueblo judío, al que ella pertenecía, y todos sus amigos corrían peligro de morir. ¿Qué hacer sino rezar? Pero Dios sólo escucha a las almas penitentes, que saben arrepentirse de sus pecados. Por eso Ester cambió sus adornos y joyas por un traje feo y áspero, e incluso se despeinó, como veis en el dibujo de la derecha. Las chicas penitentes son guapas y elegantes por fuera, pero por dentro saben dolerse de sus pecados y pedir perdón.
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