Moisés puso a todos perdidos con la Sangre de los sacrificios (y son manchas que no salen fácilmente). Pero así quiso Dios dejarles claro que habían hecho una Alianza con Él, y que no debían olvidarse jamás de ser fieles. Primero Moisés les hizo prometer que obedecerían a Dios, y luego pronunció unas palabras que nos recuerdan a la Consagración de la Misa: "esta es la sangre de la Alianza que Yavé ha hecho con vosotros". Del mismo modo, nosotros estamos impregnados y marcados con otra Sangre, pero no de becerros o toros, sino la de Cristo. Y somos el Nuevo Pueblo de Dios, su Iglesia.
Moisés contó al pueblo todas las palabras de Yahveh y todas sus normas. Y todo el pueblo respondió a una voz: «Cumpliremos todas las palabras que ha dicho Yahveh.»… Luego mandó a algunos jóvenes, de los israelitas, que ofreciesen holocaustos e inmolaran novillos como sacrificios de comunión para Yahveh. … Tomó después el libro de la Alianza y lo leyó ante el pueblo, que respondió: «Obedeceremos y haremos todo cuanto ha dicho Yahveh.» Entonces tomó Moisés la sangre, roció con ella al pueblo y dijo: «Esta es la sangre de la Alianza que Yahveh ha hecho con vosotros, según todas estas palabras.» (Éx 24, 3-8)
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