Moisés sella la Alianza con sangre Moisés puso a todos perdidos con la Sangre de los sacrificios (y son manchas que no salen fácilmente). Pero así quiso Dios dejarles claro que habían hecho una Alianza con Él, y que no debían olvidarse jamás de ser fieles. Primero Moisés les hizo prometer que obedecerían a Dios, y luego pronunció unas palabras que nos recuerdan a la Consagración de la Misa: "esta es la sangre de la Alianza que Yavé ha hecho con vosotros". Del mismo modo, nosotros estamos impregnados y marcados con otra Sangre, pero no de becerros o toros, sino la de Cristo. Y somos el Nuevo Pueblo de Dios, su Iglesia.
Los israelitas se sentían muy orgullosos de estar “marcados” por aquella sangre de la alianza, se sentían la asamblea de Dios. Asamblea se dice en griego “ekklesia”, de donde viene iglesia. ¡Cuánto más estaremos orgullosos nosotros, marcados por la sangre del Cordero de Dios! Sangre que nos convierte en la verdadera y definitiva ekklesia, Iglesia.
Lectura del libro del Éxodo 24, 3-8
Moisés fue a comunicar al pueblo todas las palabras y mandatos del Señor, y el pueblo respondió a una sola voz: «Cumpliremos todas las palabras que ha dicho el Señor". Moisés puso por escrito las palabras del Señor, y a la mañana siguiente, bien temprano, levantó un altar al pie de la montaña y colocó doce piedras que representaban a las doce tribus de Israel. Después nombró a un grupo de jóvenes israelitas, y ellos ofrecieron holocaustos e inmolaron terneros al Señor, en sacrificio de comunión. Moisés tomó la mitad de la sangre, la puso en unos recipientes, y derramó la otra mitad sobre el altar. Luego tomó el documento de la alianza y lo leyó delante del pueblo, el cual exclamó: «Estamos decididos a poner en práctica y a obedecer todo lo que el Señor ha dicho». Entonces Moisés tomó la sangre y roció con ella al pueblo, diciendo: «Esta es la sangre de la alianza que ahora el Señor hace con vosotros, según lo establecido en estos mandatos».
Palabra de Dios
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