Pláticas infantiles

21 septiembre 2008

 

 

 

 

La zarza ardiente

 

 

Argumento:

Cuando Moisés huyó del Faraón se fue cerca del Sinaí a trabajar de pastor. Allí, en la cumbre del monte, se encontró con Dios que le hablaba desde la Zarza Ardiente. «Descálzate -le dijo Dios- porque el lugar que pisas es terreno sagrado. Veo el sufrimiento de mi Pueblo en Egipto y te he elegido para que vayas a librarlos de la esclavitud». Moisés se asustó ante la majestad de Dios de la misión, pero sintió también inmensa alegría por haber sido elegido, y también porque Dios atrae y es infinitamente hermoso.

 

La Misa es nuestro Monte Sinaí, nuestro «terreno sagrado». Allí, desde el altar y mediante de las lecturas, oraciones y gestos de la Liturgia, nos habla Dios y nos revela nuestra vocación. Sí, cada uno de nosotros tiene una gran misión que cumplir y para descubrirla hay que acercarse a este Fuego de Dios que arde en la Misa. ¿Cómo? Con gran respeto y reverencia, como vemos en Moisés, poniendo mucha atención.

 

Oración:

(Una niña ante la zarza de Moisés)

Jesús, igual que una hoguera

enciéndeme con tu fuego,

hazme obediente y buena

y luego llévame al Cielo.

 

Pasaje bíblico: Éx 3, 1-12

 

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Lectura del libro del Éxodo                                                                      Éx 3, 1-12  

 

Moisés, que apacentaba las ovejas de su suegro Jetró, el sacerdote de Madián, llevó una vez el rebaño más allá del desierto y llegó a la montaña de Dios, al Horeb. Allí se le apareció el Ángel del Señor en una llama de fuego, que salía de en medio de la zarza. Al ver que la zarza ardía sin consumirse, Moisés pensó: "Voy a observar este grandioso espectáculo. ¿Por qué será que la zarza no se consume?". Cuando el Señor vio que él se apartaba del camino para mirar, lo llamó desde la zarza, diciendo: "¡Moisés, Moisés!". "Aquí estoy", respondió él. Entonces Dios le dijo: "No te acerques hasta aquí. Quítate las sandalias, porque el suelo que estás pisando es una tierra santa". Luego siguió diciendo: "Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob". Moisés se cubrió el rostro porque tuvo miedo de ver a Dios.

 El Señor dijo: "Yo he visto la opresión de mi pueblo, que está en Egipto, y he oído los gritos de dolor, provocados por sus capataces. Sí, conozco muy bien sus sufrimientos. Por eso he bajado a librarlo del poder de los egipcios y a hacerlo subir, desde aquel país, a una tierra fértil y espaciosa, a una tierra que mana leche y miel, al país de los cananeos, los hititas, los amorreos, los perizitas, los jivitas y los jebuseos. El clamor de los israelitas ha llegado hasta mí y he visto cómo son oprimidos por los egipcios. Ahora ve, yo te envío al Faraón para que saques de Egipto a mi pueblo, a los israelitas".

 Pero Moisés dijo a Dios: "¿Quién soy yo para presentarme ante el Faraón y hacer salir de Egipto a los israelitas?". "Yo estaré contigo, le dijo Dios, y esta es la señal de que soy yo el que te envía: después que hagas salir de Egipto al pueblo, daréis culto a Dios en esta montaña".

 

Palabra de Dios

 

 

 

 

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