El profeta Ezequiel tuvo un sueño muy curioso. Un río caudaloso salía del Templo. A su paso crecían los árboles frutales y medicinales, y en su cauce saltaban alegres los peces, hasta llegar al mar, llenándolo todo de vida, alegría y salud. Así la misa del domingo: de ella sale el río de la gracia, que riega los siete días de la semana. En sus riberas crecen frondosos los árboles de la familia, el trabajo, la amistad, y muchos otros. Los peces saltarines son las almas de nuestros amigos, que acercamos a Dios.
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