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Elogio de la inteligencia
maternal
Fuente:
www.lasprovincias.es
Ha sido una pena que
estos días en los que se han realizado tantos programas especiales sobre
Rocío Jurado nadie haya relacionado su talento con la inteligencia
maternal. No podemos atribuir este olvido sólo a la desmesura de la
prensa rosa, como si ellos no formaran parte de una cultura superficial
que instrumentaliza comercialmente las emociones; sino a gran parte de
los profesionales y gestores de la información que se ven arrastrados
por una corrección política que margina la maternidad.
Afortunadamente, se anuncian tiempos de cambio donde la maternidad puede
desempeñar su merecido lugar en el nuevo horizonte cultural. No se trata
de un retorno o vuelta a sociedades matriarcales donde todas las
funciones socializadoras y educativas son asumidas por las madres. Se
trata de un horizonte de resistencia cultural donde la mujer no se
avergüence de su condición de madre y donde los líderes políticos o
culturales no tengan miedo a romper con el lenguaje de lo políticamente
correcto. Un lenguaje que ha desterrado de las deliberaciones públicas
toda referencia a la maternidad en la construcción de los imaginarios
sociales. Un lenguaje feminista refugiado en términos como los de salud
reproductiva, paridad o liberación sexual donde se esconden filosofías
como las de Simone de Beauvoir y Betty Friedan para quienes la
maternidad “arruina la vida y contribuye a la opresión”.
Aunque no podemos identificar la reivindicación cultural de la
maternidad con el desarrollo de la inteligencia maternal, sí podemos
afirmar que se avecina un cambio de época donde aparecerán nuevas formas
de ver, sentir y actuar que serán incomprensibles sin la condición de
madre. Un cambio que se está produciendo en diferentes ámbitos sociales
y para el que hay que tener bien abiertos los ojos. Este cambio puede
percibirse estos días cuando alguna modelo como Estefanía Luyk decide
lanzarse a la maternidad sin ningún tipo de prejuicio y, sorprendiendo a
la periodista que hace la pregunta, afirma: “el embarazo me está dando
mucha energía”.
En la misma dirección hay que entender el liderazgo que está
desempeñando en el gabinete alemán de Angela Merkel la ministra de
Familia, Ursula von del Leyden. Aunque la inteligencia maternal no
depende del número de hijos, los siete de esta ministra han mantenido
despiertas unas capacidades, habilidades y destrezas sólo explicables
por su condición de madre. Ella misma ha llegado a afirmar que los niños
son la fuente número uno de innovación para un país y la única manera de
sostenerlo a largo plazo. Para ella, “los niños no sólo no me quitan
energía sino que me la dan”. Podemos hablar de inteligencia maternal
cuando comprobamos que el embarazo, la gestación, la crianza y el
cuidado de los hijos afectan al cerebro y la inteligencia pero en un
sentido distinto al que plantean quienes se mueven entre los dogmas
feministas. Afecta al cerebro y el tejido neuronal porque incrementa las
capacidades de la madre haciéndola más inteligente. No estamos ante un
proceso de inteligencia lógica o computacional, como si la maternidad
aumentara la memoria numérica. Tampoco ante un proceso de inteligencia
técnica o instrumental, como si la maternidad aumentara sólo las
habilidades para solucionar problemas mecánicos inmediatos.
Las investigaciones difundidas recientemente por Katherine Ellison en su
libro Inteligencia maternal (publicado por editorial Destino),
trabajan con una hipótesis sencilla: los hijos no son un obstáculo sino
una oportunidad. La maternidad es mucho más que un impulso para el
cerebro de la madre, supone un impulso para su sensibilidad y la de su
ambiente, un impulso a su capacidad de juicio, un enriquecimiento de la
inteligencia. Con esta idea desarrollan los trabajos de la filósofa Sara
Ruddick, que en 1980 se enfrentó a los dogmas feministas proponiendo la
Inteligencia maternal para defender que la maternidad supone un
enriquecimiento para las madres, las familias y las sociedades.
Este contraataque de quienes han comprobado que la maternidad no sólo
era un desafío para maduración personal sino un estímulo para su
desarrollo profesional es importante para que nuestra cultura renueve
unas prácticas sociales hipotecadas con una inteligencia lógica, técnica
o simplemente computacional. Además de los cambios neuronales que se
producen en las madres, hay toda una serie de cambios familiares,
culturales y socio-políticos que se anuncian con la inteligencia
maternal. Lo hemos visto con el desarrollo y divulgación de la
inteligencia emocional que anuncia el valor madurativo de las emociones,
la importancia de las redes emocionales para tomar decisiones acertadas
y la relevancia social de la empatía, la compasión o el perdón en el
aprendizaje de la convivencia.
A pesar de que tanto la inteligencia emocional como la inteligencia
maternal son estadios diferentes en este cambio cultural de la
inteligencia, la mayoría de los investigadores prefieren detenerse en el
estudio de las emociones y desentenderse del estudio de la maternidad.
La matriz del cambio está en la riqueza de una maternidad donde las
transformaciones neurobiológicas y familiares tienen consecuencias
importantes que afectan a la sociabilidad, al afecto entre personas, a
la educación, la crianza y el amor. Ya iba siendo hora de que los
científicos rompan con las investigaciones políticamente correctas y
empiecen a estudiar emociones positivas, emociones virtuosas y, sobre
todo, los mecanismos cerebrales, familiares y sociales vinculados con
tradiciones de buen gusto.
Aunque tardemos mucho tiempo en ver la creación de un Instituto para la
Investigación del amor ilimitado, como el que ya se ha creado en algún
estado americano, no podemos perder la esperanza de que la Inteligencia
maternal vaya haciéndose un hueco en el mundo de la investigación, la
deliberación pública y la promoción cultural. Una inteligencia tan
compleja como la emocional, o como la sentiente de la que ya nos habló
Zubiri, pero movida por una ética sencilla: la ética de cuidar de los
demás como la más poderosa forma de inteligencia.
Agustín Domingo
Moratalla
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www.lasprovincias.es
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