| Amistad de calidad |
19 de marzo de 2011 |
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¿Son compatibles la amistad y la misión apostólica? ¿Cómo conciliar la familiaridad y afecto propios de la amistad con el mandato de Jesús: id al mundo entero y anunciad en Evangelio? La afinidad de caracteres, el entendimiento mutuo, las aficiones compartidas, ¿cómo los convierte el Espíritu Santo en sal y luz evangélicas? ¿Y en qué consiste ese chispazo divino y misterioso que hace nacer la amistad? Pues es Dios, en efecto, quien a través de los lazos humanos hace sentir su voz en forma de consejo, reproche, orientación, aliento. Tiene lugar entonces lo que san Josemaría llamaba “apostolado de amistad y confidencia”. Para ello, sin embargo, necesitamos ir a Aquel que ha dicho “yo os llamo amigos” (Jn 15, 15), tratarlo en la oración, abrir el Evangelio…
Textos: Pablo Prieto
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