|
Echar raíces |
||
26 de marzo de 2008 |
|
|
En las parábolas evangélicas abundan más las plantas que los animales. Ciertamente somos en labios de Cristo la oveja perdida, pero también la semilla, la espiga, la higuera, el árbol de mostaza y el sarmiento. Las características del vegetal, que lo hacen tan apto para representar al hombre en su relación con Dios, son dos: su lento y paulatino crecimiento y su “dieta” peculiar, que combina luz y tierra. Estos elementos simbolizan los modos, tan diversos y complementarios, que tenemos de unirnos a Cristo: crecemos en Él, como nuestra tierra, desde Él, como nuestra raíz, y alimentándonos de Él, nuestra luz nutritiva. Pero necesitamos incorporarlo mediante esa especie de fotosíntesis que tiene lugar en los sacramentos y la oración. Allí se hace presente el Espíritu Santo vivificándonos desde dentro con la savia sabia de su gracia.
Textos: Pablo Prieto
● Nacimiento e infancia de Jesús ● Zaqueo
|
La última actualización de este sitio fue el: 06 de octubre de 2007