11 diciembre 2006 |
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Zaqueo
Entró en Jericó y atravesaba la ciudad. Había un hombre llamado Zaqueo, que era jefe de publicanos y rico. Intentaba ver a Jesús para conocerle, pero no podía a causa de la muchedumbre, porque era pequeño de estatura. Y, adelantándose corriendo, subió a un sicómoro para verle, porque iba a pasar por allí. Cuando Jesús llegó al lugar, levantando la vista, le dijo: Zaqueo, baja pronto, porque conviene que hoy me hospede en tu casa. Bajó rápido y lo recibió con gozo. Al ver esto, todos murmuraban diciendo que había entrado a hospedarse en casa de un pecador. Pero Zaqueo, de pie, dijo al Señor: Señor, doy la mitad de mis bienes a los pobres y si he defraudado en algo a alguien le devuelvo cuatro veces más. Jesús le dijo: Hoy ha llegado la salvación a esta casa, pues también éste es hijo de Abrahán; porque el Hijo del Hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido. (Lc 19, 1-10)
Si no tienes otra cosa,
desea mucho. Desear es aumentar la capacidad de recibir. Y si deseas lo
que no tienes, súbete encima de tu carencia, como Zaqueo sobre el
sicómoro: se adelantó corriendo y se encaramó para verle. Desde el sicómoro de la oración, el mundo se me antoja tan pequeño como Jericó. Todo es escalera donde me aúpo para verte pasar, y ver que me ves.
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