Estudios

15 mayo 2007

 

 

Vocabulario antropológico sobre el amor

 

amor

amistad

eros

significado esponsal

comunión de personas

corazón

 

 

amor

 

Tendencia a la plenitud existencial y a la felicidad inscrita en el corazón humano, que se realiza en la práctica mediante la aceptación complacida de la existencia del otro. Vocación común a todo hombre, el amor se percibe como sentido de la vida, que compromete todas sus dimensiones: lo corporal, lo psíquico, lo espiritual y lo social. En su estructura íntima se distinguen dos tendencias aparentemente opuestas, pero en realidad complementarias, que constituyen las dos formas básicas de amor: la benevolencia y la amistad.

 

A) El amor de benevolencia o desinteresado es el que mueve a querer a alguien por sí mismo, por ser quien es, y no por sus méritos o cualidades.

 

Busca la perfección integral del amado y su bien objetivo, sin esperar a cambio recompensa alguna: te amo no por darme lo que me das sino por ser quien eres. No requiere por tanto la correspondencia de la persona amada (redamare), la cual es tratada en tercera persona (como un él o un otro) y no todavía en segunda (un ), como sucede en el amor unitivo o íntimo. Ejemplo de amor benevolente es el buen samaritano de la parábola evangélica (Lc 10, 25-37). En el cristianismo el amor de benevolencia adquiere la forma característica que se conoce con el nombre de ágape o caridad. Sus formas típicas son el la entrega, el sacrificio, y la fidelidad. Es un amor eminentemente deliberado, electivo, de ahí se llame también dilectio (de eligo elegir), rasgo que lo distingue del amor íntimo o de amistad, que es más bien un aceptarse-elegido, reconocerse llamado.  

 

B) El amor de amistad o íntimo es el que lleva a la compenetración espiritual, efectiva y afectiva —sólo es plenamente efectiva cuando es afectiva—, con la persona amada, que da lugar a cierta inhabitación intencional por la que los amigos se son morada el uno para el otro. Lo que lo distingue de la benevolencia es la reciprocidad: este amor necesita la respuesta del amado para subsistir, pide correspondencia, se retroalimenta en el diálogo. C.S. Lewis lo llama need love y está emparentado con el eros de Platón. Paradigma de amor unitivo es el erótico o esponsal, que une a varón y mujer en función de su condición sexuada. No obstante, la tendencia unitiva es inherente a todo amor verdadero, aunque se despliega según la naturaleza propia de cada relación, por ejemplo entre amigos la unión no es en función de la sexualidad sino de otros valores.

 

amistad

 

Intentemos aclarar un poco más los términos. Hemos dicho que hay tres formas de amor de amistad: a) amor esponsal o erótico, b) amor paterno-filial, c) y el amor amistoso o amistad stricto sensu, es decir, lo que entendemos normalmente cuando nos dicen que Fulano y Mengano son amigos. En este sentido la amistad podríamos definirla como trato de afecto y confianza recíprocos entre dos personas, del mismo o distinto sexo, fundado en un valor compartido: un mismo ideal, una afición, un proyecto o un compromiso común.

 

Es una comunión en lo valioso da lugar a cierta inhabitación recíproca entre los amigos que ensancha la perspectiva vital y les permite ver el uno por los ojos del otro. A este propósito los clásicos llaman al amigo un alter idem (Cicerón) o hablan de dos cuerpos en una sola alma (Gregorio Nacianceno). El mutuo entendimiento del que nace la amistad es una experiencia contemplativa, y en esa medida no puede programarse, aunque sí propiciarse mediante las virtudes y, una vez nacida, sostenerse mediante la sinceridad, la lealtad y la pureza de corazón. La amistad se configura como un diálogo incesante en que la ausencia, no sólo no lo interrumpe, sino que lo purifica y ahonda, y lo mismo cabe decir de las eventuales crisis, tensiones y desgracias. Según el famoso dicho de Cicerón, amicus certus in re incerta cernitur  (el amigo cierto se prueba en la hora incierta).  

 

eros

 

Eros es un concepto griego complejo y lleno de matices, que alcanza su mayor riqueza antropológica en Platón (Fedro, El Banquete), que lo define como “afán de engendrar en la belleza según el cuerpo y según el alma”, es decir , el deseo de plenitud vital y de fecundidad que despierta la contemplación de la belleza. Es lo que sucede, por ejemplo, en el auténtico “flechazo”, que el sujeto experimenta como revelación y promesa de su destino, o dicho de otro modo, como descubrimiento de su vocación. Tiene un sentido totalizante y ascensional y provoca la extroversión amorosa, el éxtasis (etimológicamente salir-de-sí) y el entusiasmo (que significa endiosamiento).

 

El eros sin embargo no puede cumplir por sí mismo lo que promete. Necesita encarnarse en el compromiso, representado por el ágape, caridad o amor donal (gift love, según Lewis). Eros y ágape están orgánicamente unidos y se retroalimentan incesantemente; cuando no sucede así, cuando falta esta mutua ordenación, ambos se corrompen.

 

El eros representa la dimensión estética del noviazgo, de la amistad y en general de las relaciones interpersonales, con su consiguiente expresión artística y cultural. A diferencia del amor benevolente, en el unitivo desempeñan un papel imprescindible la belleza, la fiesta, el juego y el arte y el drama.

 

Desde el punto de vista ético el eros es inmensamente valioso, especialmente en el noviazgo y el matrimonio, al menos por tres razones: 

 

A) hace posible la revelación de la persona amada en cuanto tal;

 

B) encierra una llamada a la fidelidad, a la conversión (salir-de-sí, éxtasis) y está intrínsecamente abierto al don de sí,

 

C) impulsa a un proceso de maduración personal y conocimiento mutuo;

 

En el lenguaje corriente, por desgracia, las palabras eros y erótico significan algo muy distinto de lo que acabamos de describir. La teoría psicoanalítica de Freud, vulgarizada de mil modos y convertida en herramienta ideológica, ha reducido el eros al mero conjunto de mecanismos psicofisiológicos de la reproducción.

 

Tan reductiva, cientifista y trivial, esta noción refleja mejor que ninguna otra, la profunda indigencia cultural de Occidente, tanto más cuanto que el amor es vocación fundamental de la persona y sustancia de la vida.

 

significado esponsal

 

Más allá de todo gesto, mueca o señal, el cuerpo manifiesta a quien los emite, o sea a la persona de cada uno, lo cual acontece del modo más pleno en las relaciones interpersonales: el diálogo, la amistad, y muy particularmente en el amor erótico. En otras palabras, el cuerpo humano no sólo revela a la persona sino que lo hace en su tensión amorosa, ordenada vocacionalmente al don de sí. Este significado esponsal (de spondeo, prometerse) está ciertamente inscrito en la complementariedad sexual, pero va mucho más allá de lo estrictamente matrimonial o conyugal, que es sólo una concreción particular de la vocación universal al amor.

 

El significado esponsal se capta mediante la admiración, la sorpresa, la imaginación y las artes del arreglo, dicho en otras palabras, es una experiencia estética (cosa que suelen olvidar los moralistas), experiencia que se intensifica mediante el entrenamiento moral y la limpieza de corazón.  

 

El contenido del significado esponsal puede resumirse en los siguientes puntos:

 

a) Mi cuerpo me dice: su mensaje no se reduce a algo mío, sino a mí. Y esta palabra nunca acaba de pronunciarse del todo porque la persona es inagotable.

 

b) Mi cuerpo me con-fronta y abre a los demás, me orienta ineludiblemente a ellos, mi existir es pro-existir, mi vida es convivencia, mi saber es dialógico. Sólo soy plenamente yo delante de un tú; sin el espejo de mi prójimo apenas soy sombra de mí mismo.

 

c) Mi cuerpo me ofrece: En él me descubro llamado a la comunión interpersonal mediante el don sincero de mí; sólo me realizo dándome, me gano perdiéndome.  

 

Como hemos dicho, el significado esponsal va más allá de lo puramente “conyugal” o “matrimonial” para venir a expresar la estructura misma de toda relación personal, sea del tipo que sea. Lo paradigmático ilumina aquí a lo común: aunque el significado esponsal se dé por antonomasia en el amor erótico entre varón y mujer, la luz que brota de él alumbra todas las formas de amistad.

 

comunión de personas

 

Se trata de aquella unión efectiva y afectiva que resulta de darse y recibirse por amor un determinado grupo de personas, a través del diálogo, el servicio mutuo y el intercambio de bienes. Constituye como el horizonte al que tiende toda relación humana auténtica, aunque aparentemente no tenga que ver con la familia ni la amistad, por ejemplo la relación entre colegas de profesión o compañeros de universidad. Incluso entonces, si se mira a las personas como lo que son, el corazón tiende a rebasar el puro interés pragmático para llegar a la amistad, el servicio, el compromiso. Hay así diversos tipos de comunión de personas, según sea la cultura que se comparte y la intensidad con que se vive. La más perfecta de todas es la familia (al menos en un plano puramente humano). No quiere decir, obviamente, que en toda familia reine la concordia: por desgracia, como sabemos, ésta se echa en falta tantas veces; significa más bien que los vínculos que se dan en la familia presentan un arraigo natural y un calado psicológico que los hace únicos.

 

corazón

 

En la tradición cristiana de occidente el corazón simboliza la intimidad de la persona y su tensión dramática, que acontece de tres modos simultáneos: darse por el amor, conocerse por el diálogo, e integrarse por las virtudes. Esta noción de corazón-intimidad es mucho más rigurosa y fina que la de corazón-afectividad o “conjunto de estados anímicos”, muy cargada de psicologismo naturalista, y que predomina en el mundo contemporáneo. El corazón-afectividad o noción débil envuelve cierto menosprecio hacia el modo femenino de entender y querer: integrador, concreto, personalista y existencial. Porque el auténtico corazón no es propiamente afectividad sino intimidad, siendo la intimidad el sentido de la afectividad: su verdad, su lógica, su fin. Ello implica reconocer en los sentimientos cierta “transparencia”, fundada en la unión substancial (córpore et ánima unus), por la cual las realidades más netamente espirituales comparecen sensiblemente: la vocación, la gracia, la fe, el compromiso, el pecado.  Es pues, el órgano del sentido, con el que se alcanzan niveles de verdad inaccesibles a la razón discursiva. Y más allá de los conceptos, el corazón alberga ante todo a las personas mismas que se aman, constituyéndose en morada primordial, y en lugar de encuentro y alianza.

 

 

BIBLIOGRAFÍA:

 

BENEDICTO XVI, Encíclica Deus Caritas est, 26.I.06

Consejo Pontificio para la Familia, Preparación al sacramento del matrimonio, 13 mayo 1996

Cruz Cruz, Juan (ed.), El éxtasis de la intimidad. Ontología del amor humano en Tomás de Aquino, Rialp, Madrid 1999

Hildebrand, Dietrich von, El corazón, Palabra, Madrid 1996; y también: La esencia del amor, Pamplona 1998

Lewis, C.S., Los cuatro amores, Rialp, 1996

Ortega y Gasset, José, Estudios sobre el amor, Alianza, Madrid 1996

PIEPER, Josef, El amor, Rialp, Madrid 1972; y también: Entusiasmo y delirio divino. Sobre el diálogo platónico "Fedro", Rialp, Madrid 1965

Thibon, Gustav, Sobre el amor humano, Rialp, Madrid 1965 (4ª ed.); y también: La crisis moderna del amor, Fontanella, Barcelona 1968

Wojtyla , Karol, Amor y responsabilidad, Plaza y Janés, Barcelona 1996 

 

  

pabloprieto100@hotmail.com

 

 

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